Llegado el momento del cierre del ejercicio, hay una comprobación que muchas empresas pasan por alto y que, sin embargo, puede tener un impacto fiscal relevante: si la sociedad se ha convertido, casi sin darse cuenta, en patrimonial. No siempre se percibe a tiempo, pero basta con que cambie la composición del activo para que la empresa pierda incentivos fiscales importantes.
Una empresa puede adquirir la condición de entidad patrimonial si más de la mitad de su activo está compuesto por valores o por bienes no afectos a una actividad económica.
Y aquí es donde radica el problema: existen muchas sociedades que siguen operando con normalidad, pero cuya estructura patrimonial, sin darse cuenta, ha cambiado con el tiempo. No es necesario que la empresa deje de facturar para ser considerada patrimonial. Basta con que cambie el peso de su activo.
En esta circular analizamos las cuestiones más relevantes al respecto.
CIRCULAR 4/2026: Riesgo silencioso de convertirse en sociedad patrimonial en el impuesto sobre sociedades








